EL AFICHE
EL AFICHE
«Jamás en la vida encontrarás ternura mejor, más profunda, más desinteresada y verdadera que la de tu madre». Honoré de Balzac (novelista francés).

Elementos del texto poético
El texto poético se escribe, generalmente, en versos y, a veces, en prosa. Pertenece al género lírico. Se diferencia de los otros géneros, como el narrativo o el dramático, en que su intencionalidad fundamental es expresar sentimientos y en que posee ritmo o musicalidad. En este número estudiaremos los elementos que constituyen el estilo lírico y en el próximo nos enfocaremos en cómo analizarlo.
El hablante lírico o yo poético
En poesía no debemos creer que el autor «fulano» está sintiendo «tal» emoción, sino que un yo poético, que es una construcción discursiva imaginaria creada por el autor para expresar ideas o sentimientos, es el que se está manifestando. Sin embargo, a veces, el autor real puede tener semejanzas con el yo poético, pero sigue siendo una creación ficticia.
Lenguaje figurado
El poeta emplea en cada texto lírico un lenguaje connotativo. Las metáforas, comparaciones, los símbolos configuran el sentido de lo que quiere transmitir.
Unidades poéticas
Verso: es cada línea del poema.
Estrofa: es el conjunto de versos.
La métrica y la rima
La métrica es la repetición de un número de sílabas en los versos del poema.
La rima es la repetición (recurrencia) de sonidos al final de cada verso del poema.
Rima consonante: si riman vocales y consonantes desde la última vocal acentuada.
Rima asonante: si solo riman las vocales desde la última vocal acentuada.
Si no hay rima ni estructuración métrica, decimos que los versos son libres. Los versos se pueden dividir según su medida en:
De arte menor: cuando tienen menos de 8 sílabas. De arte mayor: cuando tienen más de 8 sílabas.
La lengua española es una lengua paroxítona (llana o grave); por esa razón, abundan las palabras llanas y eso es lo que la métrica considera como base para determinar el siguiente procedimiento:
Si termina en palabra aguda, el verso se le suma una sílaba (así terminaría en llana).
Ejemplo: Todo lo que por ti vi 7 sílabas + 1 = 8 Octosílabo de arte menor. Tenemos que recordar que los monosílabos siempre son palabras agudas.
Si un verso termina con palabra esdrújula, le restamos una sílaba.
De sentencias, de libros, de dictámenes 12 – 1 = 11 Endecasílabo. Sin embargo, si la palabra final de un verso ya es llana, no se le resta ni suma. Ejemplo: Durmiendo en brazos de la noche fría = 11 Endecasílabo.
Actividades de prelectura
Uno de los poetas que se inspiró en su madre para escribir hermosos poemas es el cubano Julián del Casal. Conozcamos un poquito de su vida. Julián del Casal nació en La Habana, el 7 de noviembre de 1863 y falleció el 21 de octubre de 1893.
Perteneció a una brillante generación de poetas con mala suerte: José Martí, Manuel Gutiérrez Nájera, José Asunción Silva.
Todos ellos murieron demasiado jóvenes y quedaron, para muchos, como los «precursores» del modernismo en la literatura hispánica. Fue huérfano de madre al nacer y perdió a su padre a los 22 años. Convaleciente de una prematura enfermedad, asistió a un banquete en su honor en la casa de un amigo; durante la sobremesa, alguien hizo un chiste y Casal lanzó una carcajada. Sus pulmones, delicados, no soportaron la dicha de un segundo y el poeta murió ahogado en su propia sangre, por la rotura de una arteria. Fuente Recuperado de: http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/octubre_05/20102005_02.htm Actividad de lectura A mi madre No fuiste una mujer, sino una santa Que murió de dar vida a un desdichado, Pues salí de tu seno delicado Como sale una espina de una planta. Hoy, que tu dulce imagen se levanta Del fondo de mi lóbrego pasado, El llanto está a mis ojos asomado, Los sollozos comprimen mi garganta. Y aunque yazgas trocada en polvo yerto, Sin ofrecerme bienhechor arrimo, Como quiera que estés siempre te adoro. Porque me dice el corazón que has muerto Por no oírme gemir, como ahora gimo, Por no verme llorar, como ahora lloro. Julián del Casal
Presentación o desafío intelectual
Leer requiere necesariamente de un lector y lectora atentos que puedan ir imaginando lo que sucederá y que formulen, a su vez, una interpretación del texto leído.
Pero esta interpretación (o lectura) no solo se produce a partir del conocimiento de los lectores, sino que está condicionada por el contexto en el que cada uno de ellos vive. Y por contexto debemos entender al conjunto de circunstancias sociales, culturales, políticas, etc. que afectan el pensamiento de cualquier individuo en una sociedad.
De este modo, el texto y el contexto son dos conceptos que se relacionan entre sí a la hora de la lectura y la escritura. Ahora aprenderás más sobre estas importantes nociones.

Distinción de conceptos
Se denomina texto al conjunto de oraciones que constituye un discurso que posee autonomía de significado, coherencia y cohesión. Por ejemplo, un texto es una obra literaria, una noticia periodística, un discurso público, etc., pero no así una frase suelta carente de sentido.
El contexto, como mencionamos antes, es el entorno físico y social, ya sea cultural, político, histórico, etc., en el que se considera un hecho.
En este sentido, se escribe un texto en un contexto determinado, y este último influencia siempre de alguna manera al texto, ya sea en la temática que aborda, en su estilo, etc. Esto significa que cualquier obra está marcada por el tiempo en el que fue escrita, por la cultura del autor, por la situación social que este vivía, por su formación, entre otros factores

Tipos de contexto
Cuando consideramos el acto de la lectura, se pueden diferenciar dos tipos de contexto: uno relativo al contexto de producción de la obra (de quien la escribe) y otro relativo al contexto de recepción de la obra (de quien la lee).
Esto quiere decir que el autor escribe su obra desde un contexto particular (contexto de producción), y el lector, posteriormente, decodifica esa obra desde otro contexto para construir su sentido (contexto de recepción).
contexto de producción de la obra:
El autor escribe en un contexto de producción determinado que involucra todas las costumbres, reglas sociales, sistema económico, estructura política y social en la que está inserto, e interpreta esa realidad según su perspectiva personal.
Por esto, la obra literaria se ve influida por los factores propios de la época en la que fue escrita, de acuerdo a la forma de vida y al tipo de corriente literaria que predominó en ese momento. Así, una obra escrita en la Roma de hace dos mil años es muy distinta a una obra latinoamericana del siglo XX.
Asimismo, el autor, cuando escribe, proyecta en el texto todas las lecturas que ha realizado en el transcurso de su vida. De manera que este nunca escribe desde cero.
Cómo identificar el contexto de producción
Para identificar el contexto de producción de una obra, se pueden seguir los siguientes pasos:
1) Investigar los aspectos sociales y culturales más relevantes: fecha de publicación del libro, qué acontecimientos sociales, políticos y económicos fueron decisivos en la época de escritura de la obra.
2) Investigar la biografía del autor: edad, formación, situación social, y algún hecho que haya afectado profundamente su vida.
3) Averiguar qué corrientes estéticas predominaban en el momento de escritura de la obra.
4) Reconocer cómo el propósito del texto se relaciona con el factor social, cultural o político que vivía el autor.
5) Identificar los elementos propios del texto: el lenguaje del texto, el estilo, qué tipos de palabras se usan.
Contexto de producción: un ejemplo
Lee el siguiente texto junto con la explicación de su contexto de producción.

B. El contexto de recepción
Quien lee también está influenciado por su propio contexto, por eso, una lectura particular sobre una obra nunca es igual a otra. Por ejemplo, las diversas y numerosas lecturas que ha tenido la Biblia se deben a que los lectores se han acercado a esta obra en distintas situaciones políticas, culturales, sociales, históricas, etc. Esto también nos demuestra que una obra nunca tiene una sola lectura, sino que las lecturas se modifican en el tiempo. Y a la vez nos señala que existen ciertas lecturas que tienen más peso que otras.
Específicamente, debemos entender por contexto de recepción la situación política, histórica, cultural que vive el lector, la corriente literaria de mayor prestigio en su época, su situación social personal, sus estudios, etc.

Recuerda que…
Texto y contexto son dos conceptos que se relacionan mutuamente, ya que un texto siempre se escribe en un contexto y es leído también en un contexto. Desde este punto de vista, es posible observar que existen dos tipos de contexto: el de producción, en el cual está inserto el escritor de una obra, y el de recepción de la obra, que indica el contexto del lector o la lectora.
Es fundamental manejar estos conceptos, para así concebir a la escritura y a la lectura de una obra como acciones sujetas a un lugar, a una cultura, y a un tiempo determinado.

Un ensayo de causa y efecto requiere que examines una situación o un acontecimiento en particular y que determines una relación causal. Empieza escogiendo un tema determinado. Luego, realiza la investigación preliminar y toma notas para que puedas incorporarlas al ensayo. Cuando termines de investigar, crea un esquema basado en la declaración de la tesis y escribe un borrador inicial. Edita el borrador cuidadosamente y pide a otra persona que lo revise.

Toma nota de los detalles de la asignación. Escribe cuidadosamente cualquier requisito de la asignación que haya provisto el profesor. Si tienes una hoja de asignación asegúrate de repasarla con mucho cuidado y de anotar cualquier pregunta que tengas. Por lo menos, debes conocer la fecha de entrega, la extensión de la asignación, los requisitos de formato y el mensaje de apertura.
Si bien la interpretación de datos de una tabla puede ser algo difusa si no se ha podido interpretar con anterioridad algún tipo de tabla básica. Sin embargo existen diferentes tips para poder comprender los datos plasmados en una tabla. En el presente artículo te entregaremos simples consejos para que puedas aplicarlos a la hora de entender y comprender tablas, estas son muy importantes en las pruebas ICFES, las encontrarás en casi todas las materias. Ejemplo esta pregunta de la prueba de biología liberada por el ICFES para el estudio de los estudiantes.

1er Punto: Niveles en la lectura:
Muchas de las tablas que se pueden ver hoy combinan diferentes tipos de información numérica, esto supone entender razones, porcentajes y frecuencias. Por otro lado, un grafico se considera un objeto completo en el que se pueden identificar estructuras y niveles.
2do Punto: Comprender e interpretar datos en una tabla:
Para poder leer e incluso interpretar las tablas, se necesita conocer elementos y convenios relacionados al mismo. Algunos autores analizaron las habilidades en la lectura y compresión de gráficos, teniendo como resultados los siguientes consejos:
El texto expositivo explica cómo las cosas se influyen mutuamente. Puede comenzar introduciendo un cierto hecho y después enumerar y analizar las causas que condujeron a ese estado de cosas.
– Exposición de hechos comprobables y reales de manera objetiva.
– Carecen de opiniones, emociones e ideas personales, por lo tanto se escriben en tercera persona.
– Son claros, precisos e informativos.
– Presentan usos de conectores y de herramientas literarias como las definiciones, enumeraciones, analogías, comparaciones, entre otras.
– Uso de un lenguaje sencillo y de fácil comprensión.
Cocinero en su tinta es la cuarta novela del escritor peruano Gustavo Rodríguez (nacido en 1968). La editorial Planeta anuncia que su protagonista de nombre estrafalario, Rembrandt Bedoya, es un chef peruano que debe preparar un plato digno del boom gastronómico que vive el Perú en el evento Madrid Fusión. Dice que la novela ha sido escrita, además, siguiendo los «consejos culinarios» del chef Pedro Miguel Schiaffino y aparecen mencionados otros chefs auténticos, como el español Ferrán Adriá o el peruano Gastón Acurio. El blurb del libro cita con orgullo: «Se trata de la primera novela sobre la gastronomía peruana».
Keith Gessen, editor de la revista literaria N+1, declaró que harían falta 50 años, por lo menos, para que apareciese la primera gran novela sobre el 11S. Claro está, eso no ha detenido a los escritores norteamericanos, que se han volcado a escribir sobre el tema golosamente. Pero no solo el 11S sino que también la crisis financiera internacional ha empezado a asomar en las contratapas de las nuevas novelas norteamericanas. ¿Quién puede resistirse al momento?
Uno de los primeros libros que se escribió sobre el 11S -ocurrido en el 2001- no salió de manos de un norteamericano sino de un francés. Se trata del sensiblero Window of The World de Fréderic Beigbeder, publicada en el 2003. No debe ser casual que Beigbeder llegase a la literatura desde la publicidad, al igual que Gustavo Rodríguez, uno de los mejores y más reconocidos publicistas del país. Es cuestión de olfato o, mejor aún, de timing. Como aquel chiste del alcalde analfabeto obligado a ser jurado de un concurso de matemáticas en un colegio de su región. Ante la pregunta: «¿Cuánto es 100 + 300?» un niño levanta rápido la mano y grita «600». El alcalde lo felicita y le da la medalla. Tras él, un segundo niño corrige: «Pero si suma 400». El alcalde, incapaz de aceptar el ridículo, anuncia: «En este pueblo gana el primero que habla».
En literatura, desde luego, no es el primero que habla el que gana (si acaso hay algo que ganar) aunque los editores -y algunos autores- se precien de ser los primeros que escribieron sobre la fontanería en las zonas urbano marginales o que introdujeron la técnica del monólogo interior en segunda persona. Lo cierto es que logros tan paupérrimos como esos han solventado carreras literarias bastantes largas en el Perú y en América Latina. No he leído aun la novela de Gustavo Rodríguez, que acaba de aparecer, pero sin duda, de dejar una huella en la literatura peruana, no será por ser la primera en hablar del «boom» gastronómico peruano sino por méritos que, espero, puedan sostener una trama tan coyuntural e incluso frívola.
Hablando de coyunturas, confieso que el motivo de este post, más que literario, es una pataleta, porque soy de esos pocos peruanos que detestan la burbuja de aire que llaman el boom de la gastronomía peruana y que no consideran que nuestra comida es la mejor de Latinoamérica y quizá -para no caer en falsas modestias- del Mundo. Soy un pésimo anfitrión: no conozco restaurantes, huariques ni chiringuitos donde preparan el mejor cebiche o el ají de gallina con la receta de la abuela (mi abuela, por cierto, no cocinaba). No pretendo obligar a ningún turista a beber Inka Kola («la bebida del sabor nacional» en un país donde el concepto «nación» es una incógnita), ni a deglutir los dulces más empalagosos que he comido jamás (bajo nombres estrafalarios como Supiro Limeño), y menos aún hago proselitismo a favor del pisco peruano en contra del pisco chileno. Mis restaurantes favoritos son de los de pasta y creo, honestamente, que la comida peruana es indigesta y poco saludable. Casi sin excepción se trata de un petardo de carbohidratos al cubo, una mezcla inexplicable de ingredientes (muchos de ellos deliciosos en sí mismos, hay que decirlo, pues los insumos son de primera calidad) que cualquier nutricionista calificado debería prohibir. Cada vez que alguien habla de la fama de la comida peruana en el mundo, pienso en las carencias de un país necesitado del reconocimiento extranjero para sentir respeto por sí mismo. Me imagino que el día en que en una película de Woody Allen, en vez de pedir comida china pidan comida peruana de un delivery de Manhattan, por fin podremos sentirnos parte de un país con marca registrada.
Pero volviendo a lo literario, queda claro que tenemos temas para tratar más allá de la agenda de PromPerú (en cuyos comerciales nunca aparece, ni por asomo, algún integrante de la cultura peruana que no sea un cocinero o un cantante popular). La literatura de la violencia política peruana, por ejemplo, aunque podría decirse -como lo muestran diversas antologías sobre el tema- que empezó casi al mismo tiempo que las primeras bombas, no fue sino hasta muchos años después, en la primera década del 2,000, en que dio frutos interesantes. Una vez que se logró superar la apología ideológica o el retrato costumbrista y se volvió vehículo de conocimiento, de memoria y reconciliación, se originaron libros fundamentales como La hora azul de Alonso Cueto o Retablo de Julián Pérez. Y probablemente sea solo el inicio de una literatura que profundizará sobre un hecho tan trascendente como son los años del terrorismo peruano.
No sé nada de cocina, así que ignoro en qué condición debe prepararse un calamar para que sea considerado «en su tinta». Pero sin duda, para que una obra sea un logro artístico y humano la tinta tiene que estar bien seca.