El origen del caballo peruano de paso
El origen del caballo peruano de paso
El origen del caballo peruano de paso
El caligrama
¡Qué mejor manera de introducir a los niños en el mundo de la poesía de una forma divertida y creativa!
Pienso que el combinar la poesía con la imagen es un buen método para trabajar en el aula con los niños y niñas, para que se interesen por ella y les motive a leer o crear sus propias poesias divirtiéndose.
A éste método se le llama «Caligramas» y buscando información sobre éstos, he encontrado que son poemas que complementan su significación con el dibujo. No son poemas ilustrados, porque es el texto mismo el que adquiere rasgos gráficos. Es decir, son combinaciones icono-lingüísticas, en donde la imagen y el texto se entremezclan para reforzar una idea, o introducir otra no dicha, sugerida.
Creo que los niños podrían disfrutar mucho con estas combinaciones, ya que las palabras crean dibujos que remiten a su significado y puede permitir a los no lectores «leer» lo que ellas dicen.
Aquí les dejo una serie de ejemplos para que les den un vistazo, del libro «La vaca ventilador y otros poemas» de Graciela Repún y Enrique Melantoni:
» El gato entre las flores,
se comió las mejores.
El gato en la cocina
desparramó la harina.
El gato en la vereda
volvió loca a la manguera.
El gato va por la casa:
comedor, patio, terraza…
El gato…
¿donde está?
¡Mejor que no sea acá!»
«Y llevo mi casa puesta
decía el caracol contento
y me gusta el cielo, el viento
y el sol y la vida sana
Y yo, decía el gusano
¡tengo toda la manzana!»
Recuperado de: http://martabodas.blogspot.com/2011/12/divirtiendose-con-la-poesia.html
Lectura: El Oso de anteojos ecológico
La concordancia: sustantivo y adjetivo
Los aumentativos y diminutivos
GÉNEROS LITERARIOS: QUÉ SON, CUÁLES SON Y COSAS QUE NO SABÍAS DE ELLOS

En este artículo repasaremos todo lo que tienes que saber sobre los géneros literarios. Orientaremos el contenido hacia aquellas personas con vocación creativa que busquen un acercamiento claro y práctico al problema de los géneros.
Porque, para empezar, ¿qué es un género literario? ¿Existe tal cosa o es tan sólo una convención de la escritura y para la crítica? Pues, seguro que lo hemos oído, muchos escritores se “saltan a la torera” los géneros literarios y crean artefactos híbridos. Todo ello lo veremos punto por punto aquí, empezando por una definición abierta.
¿Qué es un género literario?
Digamos que el arte de la escritura se ha dividido históricamente en categorías (igual que el cuerpo humano se divide en órganos con funciones distintas). Estas categorías de escritura, como por ejemplo la novela de terror, el relato breve o el poema épico, tienen características propias. Tanto formales como de contenido y estructura.
Debemos tener en cuenta que, históricamente, ha habido múltiples clasificaciones para los géneros literarios. Por ejemplo, si tomamos el tema desde la perspectiva de la retórica antigua (Aristóteles), encontramos cuatro géneros literarios fundamentales: narrativo, épico, lírico y dramático. A su vez, estos géneros se dividen en subéneros de naturaleza variada: formal, semántica, sintáctica, etc..
Nosotros manejaremos una noción más práctica y actual, pero sin perder de vista que clasificaciones diferentes, como la de Aristóteles, son muy próximos conceptualmente y pueden aplicarse todavía hoy.
Los principales géneros literarios de hoy en día
La clasificación de géneros literarios modernos es algo distinta. Supongamos que tenemos una buena idea para escribir algo. ¿Qué género adoptamos? ¿Qué le conviene más a esa idea: un relato, un poema, un ensayo? En el caso de ser un relato, ¿sería un relato de terror, de aventuras, dramático?
Vemos, en primer lugar, que podemos distinguir los géneros, a efectos prácticos y en el ámbito creativo, en cuatro grandes bloques: novela, relato, ensayo y poesía. A su vez, cada uno de estos bloques tiene subgéneros y apartados concretos que los distinguen. En esencia, vemos una categorización parecida a la de Aristóteles que, sin embargo, toma como punto de partida otros elementos, en este caso de formato y finalidad, y sobre todo nos ceñiremos a los géneros narrativos.
El género de la novela y sus variantes
Muchas veces se define una novela por su extensión y por su naturaleza narrativa, así como por su estructura. Aunque hoy en día esta definición es mucho más borrosa, pues muchos escritores escriben novelas en las que no sólo cabe “lo novelístico”, sino que también dan cabida a ensayo, relatos insertos u otras variantes. Por lo que, de entrada, podemos decir que cada género es abierto. Por algo estamos hablando de escritura creativa. La novela tiene unos límites y unas características en general consensuadas (longitud, estructura narrativa compleja, arco argumental, resolución simbólica de las tramas…), y a su vez, se divide como género en múltiples subgéneros, cada uno con sus propias reglas formales. Destacamos algunos:
Novela de ciencia ficción / fantástica: no es lo mismo ciencia ficcion y fantasía, pero en ambos elementos aparece lo sobrenatural. Si alguien escribe una novela de ciencia ficción estará más cerca de lo tecnológico y futuro. Fantasía implica acercarse a mundos por completo inventados y muchas veces atemporales (El señor de los anillos)
Novela de aventuras: La novela de aventuras tiene una estructura bastante rígida, en la que prima el movimiento de un personaje a lo largo de sucesos y geografías distintas.
Novela de autoficción: un tipo de subgénero literario nuevo. Aquí, el narrador habla de sí mismo, hace ficción de sí mismo. No inventamos mundos o viajamos. El viaje es tan sólo interior, en la consciencia y lo que ve el narrador.
Novela policíaca: otro subgénero de la novela, y uno de los más frecuentados por lectores y escritores. La novela policíaca tiene unas reglas bastante acotadas. Por lo general plantea historias de suspense o misterios en las que está en juego la resolución de un crimen o una falta.
El relato y la forma breve
El relato se distingue de la novela por la extensión y también por la estructura y el planteamiento. Además, la propia forma breve acepta diferentes subgéneros y variantes. Partimos, por ejemplo, del clásico género del cuento de hadas, y vemos cómo, a lo largo de la historia de la literatura, se ha ido ampliando la clasificación:
Cuento de hadas: El cuento de hadas o la fábula rigió las narraciones humanas durante muchos siglos. En la actualidad, este tipo de relato siempre alegórico y simbólico, se ha acercado más al público infantil, por lo que sigue siendo necesario dominarlo si nos interesa escribir literatura infantil.
El relato moderno: escritores como Kurt Vonnegut o Raymond Carver escribieron decálogos y guías para escribir buenos relatos -desde el punto de vista moderno, donde las reglas son más abiertas y dan pie a fórmulas distintas a la del cuento de hadas-.
El microrrelato: suelen tener una extensión que no supera la página. Se trata de píldoras, sucesos, golpes repentinos. El arte del microrrelato requiere mucha capacidad de síntesis y abstracción.
Escritura de aforismos: la parte más diminuta de la creación literaria: artefactos que no son mucho más extensos que una simple frase. Sin duda, uno de los géneros más difíciles de dominar (algunos referentes en este ámbito: Franz Kafka o Augusto Monterroso)
El ensayo, un género que se desparrama en los demás géneros
Desde el año 2000 (incluso un poco antes) los géneros literarios han empezado a desdibujarse. Lo vimos muy bien en la obra de algunos autores como Enrique Vila-Matas o W.G. Sebald. Estos dos autores, de gran éxito a finales de los 90, componían novelas en las que, de pronto, el género del ensayo adquiría una gran presencia. Es decir, los escritores modernos suelen hibridar géneros. Pero… ¿cómo se inserta el ensayo en un texto de ficción? O más simple: ¿cómo se escribe adecuadamente el género del ensayo? En el ensayo ya no juega tanto la imaginación como la capacidad de síntesis e interrelación. Un texto ensayístico presenta unas ideas, las elabora y extrae conclusiones. Todo ello se puede mezclar, claro, con un texto narrativo, y tendríamos así un híbrido. De modo que dominar el arte del ensayo también es importante para un escritor de ficción (piénsese en la documentación, las descripciones, las digresiones…)
Los géneros literarios según Aristóteles
Vamos a ver en qué se diferencia la clasificación moderna que hemos presentado de la clasificación que presenta Aristóteles en su poética. Recordemos que su texto tiene más de dos mil años de antigüedad: a partir de esto, fijémonos en las similitudes de lo que él propone frente a lo que nosotros proponemos. Aristóteles distingue entre tres tipos de géneros literarios.
Género épico: es la forma antigua de definir el actual género narrativo. Narración, descripción y diálogo forman el género épico, que suele relatar hechos inventados o reales con intención narrativa (explicar los propios hechos)
Género lírico: Su expresión habitual es el poema. Con el género lírico se expresa lo emocional en clave simbólica. No hay tanto interés por los hechos, sino por lo que de ellos se extrae.
Género dramático: el más cercano al teatro. Este género se plantea partir de un episodio concreto, sin narrador y con el diálogo como elemento clave.
Género didáctico: el ensayo sería un derivado moderno. En el género didáctico la intención final es, siempre y sobre todo, enseñar algo. No se centra tanto en cómo se narra, sino en lo que implica lo narrado.
Subgéneros literarios antiguos
A partir de estas tres categorías generales, entramos a conocer los subgéneros en los que se dividen. Para Aristóteles, los subgéneros muchas veces corresponden a “formas literarias”. Es decir, maneras estilísticas que tenemos de abordar cada género. Por ejemplo:
Dentro del género épico encontramos la fábula, la epopeya, el cuento o la novela, cuatro formas de escritura distintas que coinciden en su voluntad de “explicar algo”.
Dentro del género lírico figuran la elegía, el himno, la oda u otras variantes de poemas, cada una determinada por un estilo (por ejemplo, la elegía se adopta para cantar a los difuntos).
El género dramático incluye la tragedia, la comedia y otras variantes que, dentro del contexto del teatro, implican estilos y enfoques distintos.
En el género didáctico: Ensayo, biografía, crónica, etc, serían los subgéneros del género didáctico.
Como vemos, hay una diferencia sustancial entre las clasificaciones antiguas y las modernas. Sobre todo porque las prácticas literarias han cambiado mucho. Hoy en día, la novela, el relato o el ensayo son géneros en sí, y no subgéneros o partes de otros grupos más grandes. Esta noción es importante, porque nos indica que el asunto de los géneros es tan sólo una guía para el escritor. En efecto, es importante conocer los modos de expresión de los diversos géneros literarios, para luego, en la creación pura, poder jugar con ellos a placer y tener así un dominio técnico y de posibilidades mucho mayor.
Recuperado y adptado de: https://centraldeescritura.com/blog/generos-literarios/
Los merengues
Julio Ramón Ribeyro
Apenas su mamá cerró la puerta, Perico saltó del colchón y escuchó, con el oído pegado a la madera, los pasos que se iban alejando por el largo corredor. Cuando se hubieron definitivamente perdido, se abalanzó hacia la cocina de kerosene y hurgó en una de las hornillas malogradas. ¡Allí estaba! Extrayendo la bolsita de cuero, contó una por una las monedas -había aprendido a contar jugando a las bolitas- y constató, asombrado, que había cuarenta soles. Se echó veinte al bolsillo y guardó el resto en su lugar. No en vano, por la noche, había simulado dormir para espiar a su mamá. Ahora tenía lo suficiente para realizar su hermoso proyecto. Después no faltaría una excusa. En esos callejones de Santa Cruz, las puertas siempre están entreabiertas y los vecinos tienen caras de sospechosos. Ajustándose los zapatos, salió desalado hacia la calle.
En el camino fue pensando si invertiría todo su capital o sólo parte de él. Y el recuerdo de los merengues –blancos, puros, vaporosos- lo decidieron por el gasto total. ¿Cuánto tiempo hacía que los observaba por la vidriera hasta sentir una salvación amarga en la garganta? Hacía ya varios meses que concurría a la pastelería de la esquina y sólo se contentaba con mirar. El dependiente ya lo conocía y siempre que lo veía entrar, lo consentía un momento para darle luego un coscorrón y decirle:
-¡Quita de acá, muchacho, que molestas a los clientes!
Y los clientes, que eran hombres gordos con tirantes o mujeres viejas con bolsas, lo aplastaban, lo pisaban y desmantelaban bulliciosamente la tienda.
Él recordaba, sin embargo, algunas escenas amables. Un señor, al percatarse un día de la ansiedad de su mirada, le preguntó su nombre, su edad, si estaba en el colegio, si tenía papá y por último le obsequió una rosquita. Él hubiera preferido un merengue pero intuía que en los favores estaba prohibido elegir. También, un día, la hija del pastelero le regaló un pan de yema que estaba un poco duro.
-¡Empara!- dijo, aventándolo por encima del mostrador. Él tuvo que hacer un gran esfuerzo a pesar de lo cual cayó el pan al suelo y, al recogerlo, se acordó súbitamente de su perrito, a quien él tiraba carnes masticadas divirtiéndose cuando de un salto las emparaba en sus colmillos.
Pero no era el pan de yema ni los alfajores ni los piononos lo que le atraía: él sólo amaba los merengues. A pesar de no haberlos probado nunca, conservaba viva la imagen de varios chicos que se los llevaban a la boca, como si fueran copos de nieve, ensuciándose los corbatines. Desde aquel día, los merengues constituían su obsesión.
Cuando llegó a la pastelería, había muchos clientes ocupando todo el mostrador. Esperó que se despejara un poco el escenario pero no pudiendo resistir más, comenzó a empujar. Ahora no sentía vergüenza alguna y el dinero que empuñaba lo revestía de cierta autoridad y le daba derecho a codearse con los hombres de tirantes. Después de mucho esfuerzo, su cabeza apareció en primer plano, ante el asombro del dependiente.
¿Ya estás aquí? ¡Vamos saliendo de la tienda!
Perico, lejos de obedecer, se irguió y con una expresión de triunfo reclamó: ¡veinte soles de merengues! Su voz estridente dominó en el bullicio de la pastelería y se hizo un silencio curioso. Algunos lo miraban, intrigados, pues era hasta cierto punto sorprendente ver a un rapaz de esa cabaña comprar tan empalagosa golosina en tamaña proporción. El dependiente no le hizo caso y pronto el barullo se reinició. Perico quedó algo desconcertado, pero estimulado por un sentimiento de poder repitió, en tono imperativo:
-¡Veinte soles de merengues!
El dependiente lo observó esta vez con cierta perplejidad pero continuó despachando a los otro parroquianos.
-¿No ha oído? – insistió Perico excitándose- ¡Quiero veinte soles de merengues!
El empleado se acercó esta vez y lo tiró de la oreja.
-¿Estás bromeando, palomilla?
Perico se agazapó.
-¡A ver, enséñame la plata!
Sin poder disimular su orgullo, echó sobre el mostrador el puñado de monedas. El dependiente contó el dinero.
-¿Y quieres que te dé todo esto en merengues?
-Sí –replicó Perico con una convicción que despertó la risa de algunos circunstantes.
-Buen empacho te vas a dar –comentó alguien.
Perico se volvió. Al notar que era observado con cierta benevolencia un poco lastimosa, se sintió abochornado. Como el pastelero lo olvidaba, repitió:
-Deme los merengues- pero esta vez su voz había perdido vitalidad y Perico comprendió que, por razones que no alcanzaba a explicarse, estaba pidiendo casi un favor.
-¿Va a salir o no? – lo increpó el dependiente
-Despácheme antes.
-¿Quién te ha encargado que compres esto?
-Mi mamá.
-Debes haber oído mal. ¿Veinte soles? Anda a preguntarle de nuevo o que te lo escriba en un papelito.
Perico quedó un momento pensativo. Extendió la mano hacia el dinero y lo fue retirando lentamente. Pero al ver los merengues a través de la vidriería, renació su deseo, y ya no exigió sino que rogó con una voz quejumbrosa:
-¡Deme, pues, veinte soles de merengues!
Al ver que el dependiente se acercaba airado, pronto a expulsarlo, repitió conmovedoramente:
-¡Aunque sea diez soles, nada más!
El empleado, entonces, se inclinó por encima del mostrador y le dio el cocacho acostumbrado pero a Perico le pareció que esta vez llevaba una fuerza definitiva.
-¡Quita de acá! ¿Estás loco? ¡Anda a hacer bromas a otro lugar!
Perico salió furioso de la pastelería. Con el dinero apretado entre los dedos y los ojos húmedos, vagabundeó por los alrededores.
Pronto llegó a los barrancos. Sentándose en lo alto del acantilado, contempló la playa. Le pareció en ese momento difícil restituir el dinero sin ser descubierto y maquinalmente fue arrojando las monedas una a una, haciéndolas tintinear sobre las piedras. Al hacerlo, iba pensando que esas monedas nada valían en sus manos, y en ese día cercano en que, grande ya y terrible, cortaría la cabeza de todos esos hombres, de todos los mucamos de las pastelerías y hasta de los pelícanos que graznaban indiferentes a su alrededor.
Adaptado de: https://ciudadseva.com/texto/los-merengues/
La escuelita
A cocachos aprendí mi labor de colegial en el Colegio Fiscal del barrio donde nací.
Tener primaria completa era raro en mi niñez (nos sentábamos de a tres en una sola carpeta). Yo creo que la palmeta la inventaron para mí, de la vez que una rompí me apodaron “mano ‘e fierro”, y por ser tan mataperro a cocachos aprendí.
Juguetón de nacimiento, por dedicarme al recreo sacaba Diez en Aseo y Once en Aprovechamiento. De la Conducta ni cuento pues, para colmo de mal era mi voz general “¡chócala pa’ la salida!” dejando a veces perdida mi labor de colegial.
¡Campeón en lingo y bolero! ¡Rey del trompo con huaraca! ¡Mago haciéndome “la vaca” y en bolitas, el primero…! En Aritmética, Cero. En Geografía, igual. Doce en examen oral, Trece en examen escrito. Si no me “soplan” repito en el Colegio Fiscal.
Con esa nota mezquina terminé mi Quinto al tranco, tiré el guardapolvo blanco (de costalitos de harina). Y hoy, parado en una esquina lloro el tiempo que perdí: los otros niños de allí alcanzaron nombre gregio. Yo no aproveché el Colegio del barrio donde nací…
Recuperado y adaptado de: https://www.poesi.as/nsc0016.htm
Anécdotas insólitas del mundo informático
Todo comenzó en una reunión entre amigos. Habíamos comido muy bien y ya estábamos por el café; entonces se me ocurrió contar que hace poco tiempo había vendido vía Web una Atari 2600, creyendo estar haciendo un gran negocio. Cuando uno de mis invitados consultó cuánto dinero me habían entregado a cambio de la mítica plataforma de juego, vi que su rostro se pintaba de rojo, parecía de veras enojado. Sin llegar a insultarme (aunque creo que estuvo cerca de hacerlo) me dijo que podía haber conseguido veinte veces más, quizá cincuenta. Sostuvo con el brazo en alto que la consola hoy es parte del tesoros de un coleccionista que supo aprovecharse de mi inocencia gamer.
Cuando logré calmar su euforia, la conversación derivó en una ronda de anécdotas cuyo factor común fue, sin más, la ignorancia en el mundo de la tecnología. Una de los comensales fue el encargada de dar el puntapié inicial:
“Una tarde recibo un llamado a mi casa, era mi padre que estaba preocupado porque un componente de su computadora estaba fallando”, comenzó diciendo. Continuó: “Mi padre, quien se había acoplado a la informática hace no más de tres años, me decía que el posavasos del CPU no funcionaba correctamente. A pesar de las preguntas no lograba comprender a qué se refería con ‘posavasos’. Tuve que ir hasta su casa para sorprenderme con la escena. Mi padre utilizaba la lectora de CDs para apoyar un gran vaso que llenaba de gaseosa“.
Tras intensos minutos de risa llegó el turno de una de las damas, quien tomó la posta. “Yo también recibí una consulta. Era un amigo de la familia que decía que no tenía éxito con uno de esos softwares de la década del noventa, los cuales requerían intercambiar los diskettes durante la instalación. Explicaba que con el primero todo marchaba perfectamente, pero que cuando el sistema solicitaba el segundo comenzaba a oír ruidos y al quinto ya se detenía el proceso. Resulta que, en vez de quitar uno y colocar el disco siguiente, el hombre iba insertándolos en la ranura hasta que la tarea, por la acumulación, resultaba imposible”.
Hubo lugar para muchas anécdotas. Ahora elijo una de ellas, para dar fin a este repaso. Mi madre, una mujer muy inteligente pero muy poco apegada a las computadoras, estaba de visita en mi casa y me comentó que su hermana había escrito un correo electrónico en el que había incluido fotografías de su último viaje por Nueva York. Al instante le propuse que revisemos su casilla en mi computadora, a lo que ella pronto respondió: ”No va a poder ser, mi heramana envío el email a la mía”.
El desconocimiento a veces puede dar espacio a historias divertidas, aunque en carne propia no lo son tanto. Recuerdo la tristeza que experimenté cuando era un niño el día que trajeron a casa nuestra primera computadora. Un técnico había estado más de dos horas conectando cables e instalando programas. Cuando se fue, escribí en el viejo sistema operativo D.O.S el comando ”format C:”. Luego, fatalmente, pulse enter.
Recuperado de https://www.tendenciasmag.com/anecdotas-insolitas-del-mundo-informatico/
Curiosas anécdotas de famosos físicos
Einstein y sus nacionalidades
Albert Einstein tuvo tres nacionalidades: alemana, suiza y estadounidense. Al final de su vida, un periodista le preguntó qué posibles repercusiones había tenido sobre su fama estos cambios. El físico dio la siguiente respuesta: -Si mis teorías hubieran resultado falsas, los estadounidenses dirían que yo era un físico suizo; los suizos, que era un científico alemán; y los alemanes que era un astrónomo judío.
Sin intervención divina
Cuando Pierre Simón Laplace presentó a Napoleón su voluminosa obra Tratado de mecánica celeste, se desarrolló entre ambos el siguiente intercambio de opiniones:
-Monsieur Laplace, me cuentan que ha escrito este gran libro sobre el sistema del universo sin haber mencionado ni una sola vez a su creador.
– Sire, nunca he necesitado esa hipótesis.
El tercer hombre
En los años 30, un entrevistador comentó al astrónomo y físico Arthur Eddington lo siguiente:
–He oído que usted es una de las tres personas en el mundo que entiende la teoría de la relatividad general
Al oír esto, Eddington puso cara de sorpresa. Cuando el entrevistador le preguntó
la razón de su extrañeza, el físico inglés respondió:
–Estoy tratando de pensar quién puede ser la tercera persona
Einstein y cómo se fríe un huevo
Durante una entrevista, un periodista le pregunto a Einstein si podía explicarle la
ley de la Relatividad de una manera sencilla para poder entenderla.
Einstein le contestó:
– ¿Me puede Ud. explicar cómo se fríe un huevo?
El periodista lo miró extrañado y contestó:
-Pues, sí, sí que puedo.
A lo cual Einstein replicó:
-Bueno, pues hágalo, pero imaginando que yo no sé lo que es un huevo, ni una
sartén, ni el aceite, ni el fuego.
Conversación en clave
En diciembre de 1942, se produjo en la Universidad de Chicago la primera reacción nuclear en cadena con éxito. El físico Arthur Holly Compton comunicó la noticia a su colega J. B. Conant por teléfono, pero en clave.
Ésta fue la conversación:
–El navegante italiano encontró el Nuevo Mundo
–¿Y cómo halló a los nativos?
–Muy amigables
Oppenheimer, Dirac y la poesía
Cuando el físico norteamericano J.Robert Oppenheimer se encontraba trabajando en Göttingen fue a verlo Paul Dirac y mantuvieron la siguiente conversación:
-Me han contado que escribes poesía. No puedo entender cómo alguien que trabaja en los límites de la física puede simultanear su trabajo con la poesía que representa una actividad en el polo opuesto. Cuando trabajas en ciencia tienes que escribir sobre cosas que nadie sabe con palabras que todo el mundo sea capaz de entender. Al escribir poesía estas limitado a decir… algo que todo el mundo sabe con palabras que nadie entiende.
El fundidor de medallas
Perseguido por los nazis, el físico danés Niels Bohr, antes de abandonar su país natal, disolvió en agua regia (una mezcla de ácido nítrico y clorhídrico) las medallas de oro concedidas con el Premio Nobel que le habían con -Pero entonces ¿cuándo piensas?- espetó el profesor
Buena memoria
En una conferencia que Einstein dio en el Colegio de Francia, el escritor francés
Paul Valéry le preguntó:
-Profesor Einstein, cuando tiene una idea original, ¿qué hace? ¿La anota en un cuaderno o en una hoja suelta?
-Cuando tengo una idea original no se me olvida- respondió el físico.
Recuperado de http://www.rinconeducativo.org/es/recursos-educativos/curiosas-anecdotas-de-famosos-fisicos
Las anécdotas más divertidas en la historia del fútbol
Si hay una forma divertida de jugar al fútbol y pasártelo bien, no hay duda de que es aquí, en nuestros hilarantes y muy graciosos encuentros de bubble football, una forma diferente de jugar uno de los deportes más antiguos y populares del mundo, no por nada es considerado el deporte rey.
Está claro que es muy difícil encontrar algo más gracioso que meterse en una burbuja de plástico enorme e intentar jugar al fútbol con ese atuendo tan poco común, pero también es verdad que esta no es la única curiosidad o anécdota divertida que gira entorno a este deporte de masas. Por eso en Bubble Football hemos querido recuperar algunas de las anécdotas más graciosas entorno a esta práctica para que descubras, como nosotros, la razón por la que el fútbol será siempre nuestra disciplina favorita.
Contenidos:
Goleando descalzo y sin reparos
Cuidado que el árbitro también te da una hostia
Los penaltis nacieron en Cádiz
Goleando descalzo y sin reparos
Las reglas del fútbol y las exigencias de la competición han cambiado mucho con el paso de las décadas y hoy en día es impensable que un jugador se quede descalzo y pueda continuar el partido hasta marcar un tanto. Pero esto fue justamente lo que ocurrió en la única oncena donde podría pasar: la del jogo bonito, Brasil.
En la copa de 1938 celebrada en Francia, Brasil se alzaba como uno de los favoritos y fue en un partido contra Polonia que Leonidas, el jugador estrella de la selección, marcó dos records que posteriormente aparecieron en el libro Guiness: fue el jugador que más goles marcó en un solo partido en la historia del deporte hasta entonces, con 4 tantos, y también en el campeonato en general con 7, pero además uno de ellos lo hizo de una forma peculiar: sin zapato.
En ese famoso partido contra Polonia cuyo marcador final fue 6 a 5 a favor de Brasil, Leónidas avanzaba directo a la portería del rival, pero en el camino perdió un zapato algo que sin embargo no lo detuvo, con el pie descalzo pateó la pelota y consiguió anotar otro gol para su equipo mientras el público estaba con la boca abierta. Hasta la fecha nadie más lo ha logrado.

Cuidado que el árbitro también te da una hostia
A veces nos preguntamos como el árbitro, ante el desacato de un jugador, no acaba por darle de hostias en pleno campo. Pues bien, en 2005 esto fue lo que ocurrió durante un partido entre Peterborough North End y Royal Mail AYL de la liga inglesa, cuando el Royal marcó un tanto que no sentó nada bien al portero del Peterborough Richard McGaffin quien no dejó de protestar por considerar que el gol no era válido. Tal fue la intensidad de sus reclamos que el árbitro Andy Wayn simplemente perdió la paciencia y en lugar de expulsarlo se acercó y lo golpeó dejando a todos impresionados. Acto seguido el árbitro, consciente de su exceso, decidió auto expulsarse del campo con una tarjeta roja. ¡Arbitro y madre al mismo tiempo, qué pasada!
Los penaltis nacieron en Cádiz
El fútbol tal y como lo conocemos hoy en día surgió en Inglaterra, muchas de sus reglas actuales fueron aportadas por los franceses, pero hemos sido los españoles los que creamos uno de los momentos más emocionantes de cualquier encuentro eliminatorio: los penaltis. ¡Cómo lo lees!, antes de 1962 cuando algún partido decisivo terminaba en empate se jugaba nuevamente otro para llegar al desenlace, pero el Trofeo Carranza de 1962 disputado en Cádiz lo cambiaría todo.

Jugaban el Zaragoza contra el Barcelona y acabaron 0 a 0, por lo que Rafael Ballesteros Sierra, el director del Cádiz, propuso que en lugar de jugar otro partido ahorraran tiempo y cada equipo lanzara 5 tantos seguidos desde la zona más peligrosa para golear, el que más goles anotara desempataría y ganaría, todo para que torneo fuera más corto y se llegara más rápido al resultado de desenlace.
Así ocurrió y esta idea marcó un precedente, pues muchos años después la UEFA y la FIFA decidieron adoptar los penaltis como una medida de desempate, poniéndola por primera vez en practica en la Eurocopa de 1976. No hay duda de que en España hemos aportado mucha emoción al deporte rey, incluido uno de los momentos más excitantes.
Recuperado de https://www.bubblefootball.es/blog/anecdotas-mas-divertidas-historia-futbol/