Que no se repita: estamos a tiempo

Hoy, en vísperas de Navidad, camino por las calles del centro de Lima. En cada paso que doy recuerdo aquel 29 de diciembre de 2001, cuando por la televisión pasaban en vivo el pavoroso incendio que aquí se desató. ¿Cuánto hemos mejorado para que esto no vuelva a ocurrir?
Camino desde la plaza Italia en el antiquísimo Barrios Altos por el jirón Huallaga. […] Unos pasos más allá, comienza el ruido ensordecedor de las bocinas de los vehículos. A un lado esperan los estibadores, quienes analizan el camino trazado para escabullirse entre los autos.
A mi alrededor veo la calle Capón decorada con aquel Arco Chino donado por la comunidad china en 1971. La gente que camina detrás de mí me invita a acelerar el paso: no hay espacio para detenerse entre el tremendo mar de gente que sale presurosa con paquetes bajo el hombro.
De la nada, se me acerca un señor a venderme una gaseosa, un buen negocio bajo este clima. Aprovecho para preguntarle, mientras me da vuelto, si siempre es así en Navidad. Con una sonrisa de oreja a oreja  me responde que eso «no es nada». Rápidamente, el vendedor se aleja para seguir con su faena.
Imagino por algunos minutos lo que podría haber sido vivir aquel momento del incendio. Compruebo que poco se ha hecho para organizar a los vendedores informales: ellos siguen vendiendo indiscriminadamente en plena vía pública, obstaculizando a la gente que por ahí transita y dificultando la salida en caso otra desgracia ocurra.
A lo largo del jirón Andahuaylas, la cantidad de tiendas que ofrecen artículos de Navidad aumenta. Por estas pocas cuadras que logro avanzar, no he visto ningún policía ni al serenazgo. En tres cuadras solo veo dos carteles que indican la ruta de escape en caso de siniestro, todos ubicados en el segundo piso de los edificios.
Al llegar al cruce con el jirón Cusco, me encuentro en el lugar donde comenzó el siniestro.
Las cosas han cambiado poco, pero ahora se toma más en serio la seguridad. Defensa Civil y la Municipalidad de Lima realizan constantemente inspecciones a los locales y almacenes. Aun así, pienso que esto no sirve de mucho si no se concientiza a las personas, si no se les enseña a respetar el espacio destinado para caminar, si no se ubica correctamente la poca señalización y las rutas de evacuación. Ahora que tenemos el terrible recuerdo de lo que nos sucedió en 2001, espero que no se vuelva a escribir «se pudieron hacer mejor las cosas».

Recuperado y adaptado de https://mesaredondaenlima.wordpress.com