La leyenda

La leyenda del Chiwake
Cuenta la leyenda que hace muchos años, cuando los dioses formaban el antiguo Perú, estos eran constantemente interrumpidos por las quejas de los hombres en la tierra que exigían tener más alimentos, mejores frutas y mayor variedad de semillas.
Una mañana de invierno, los dioses, cansados de tanta insistencia, decidieron atender el pedido de los hombres y llamaron a Chiwake, su colibrí mensajero, para darle el siguiente encargo:
«Chiwake, toma esta gran olla mágica y llévala hasta la tierra.
Dile a los hombres que todo lo que pongan allí saldrá convertido en un delicioso platillo y no tendrán que mover ni un dedo. Vuela rápido, Chiwake, ¡y que no nos molesten más!». El audaz colibrí entendió perfectamente el encargo y se apresuró a cumplirlo. Lo que no muchos sabían es que, aunque Chiwake era muy inteligente, también era travieso, juguetón y se distraía fácilmente con las flores del camino. Como nunca había visto flores así, se acercó a investigar un rato y, mientras probaba su néctar, notó que se sentía más ligero que antes. Al darse vuelta, la olla mágica había desaparecido de su espalda. ¡La había perdido en el camino! 
Chiwake se sentía muy mal. Ya no podía volver donde los dioses a contarles lo que había pasado, así que decidió ir donde los hombres y cambiar un poco el mensaje: «Queridos amigos, los dioses me han enviado como instructor, he venido aquí para enseñarles a preparar los alimentos como lo hacen los mismísimos dioses».
Los hombres se alegraron mucho y se pusieron a aprender con Chiwake. Él les enseñó a escoger las mejores frutas, a combinar los sabores con las hierbas de mil maneras distintas y a servir los platos de forma creativa. Desde ese momento, las familias peruanas dejaron de quejarse por sus alimentos y aprendieron a cocinar con sabor, variedad y originalidad. Por eso, gracias al Chiwake, los peruanos comemos «como los dioses».
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